sábado, 2 de enero de 2010

EL PEREGRINO


Se prometió andar y conocer. Para evitar acabar en galeras o en manicomios tuvo que dejar el ejército y visitar muchas abadías, únicos lugares donde el derecho de asilo es respetado. La humanidad, descubrió, no está en lo que se dice, sino en lo que se escucha y en lo que tantas veces se calla. El amor si no es a la vida misma carece de sentido. La patria sólo es aquella en la que se consigue el encuentro o la comunión, así como en la verdadera familia. El peregrino, si se le pregunta, contestará humilde, que lo único que aprendió realmente... es a caminar.

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