lunes, 18 de enero de 2010

El curandón


Llegó frente al enfermo y toda su familia, que le esperaban con impaciencia. Allí mismo desplegó toda su actividad, todos sus recursos concentrados en mil y un rito, hungüentos, brevajes, masajes... Giraba el cuerpo, lo ponía recto...así hasta casi dos horas. Tomó el dinero de la voluntad y se marchó.El caso es que, pasado todo ese tiempo, el enfermo fue recobrando el color, y pasados unos días estaba curado.

Un muchacho de la familia se acercó pasado un tiempo a preguntarle qué de todo aquello era lo que había conseguido la cura. El curandón le respondió sencillamente que no lo sabía.

-Pero probablemente habrá cosas que sean superfluas- indagó el muchacho sorprendido.

El curandón le explicó:

-Mira muchacho, de todo lo hecho sólo una o dos cosas le han curado, alguna le habrá complicado en algo, y la mayoría habrá sido inútil. Pero para averiguar qué ha hecho tal cosa hubiera tenido que probar a hacer unas y no otras con otras gentes. Eso hubiese supuesto que muchos de ellos hubieran muerto. Mi curiosidad no llega a tanto, eso se lo dejo a otros.

Al día siguiente el muchacho se convirtió en su aprendiz.

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