jueves, 31 de diciembre de 2009

LA GUITARRA


Una noche más después de un breve concierto de taberna. Por fin a solas con su guitarra. Había aprendido el arte desde chico, como los gitanos del barrio, allá donde la ciudad pierde su nombre y se convierte en arrabal. A solas recuperaba el duende de aquellos días e interpretaba el sonido de las noches estrelladas, eso que sólo una guitarra a solas quiere escuchar.

LA FABRICA


Tomás, un día más camino del trabajo, montaba en autobús hacia la fábrica. Hacía ya varios años que la cigüeña del pueblo no moraba por los alrededores en primavera. Es curioso, pero la echaba de menos. La prosperidad ahora parecía ser el gran crecimiento de la producción. Se fabricaba gran variedad de productos plásticos allí, y su mujer siempre parecía contenta cuando le regalaba algún envase novedoso para conservar las comidas. Ella misma habría querido trabajar en la fábrica, pero Tomás logró convencerla de que cuidara de la casa y los niños, cosa de las tradiciones familiares. Era día de asamblea, un compañero le pidió participar en el orden del día. Tomás con una sonrisa dijo.
-Pues a mí lo que me gustaría es que volviera la cigüeña por aquí...
Su compañero le miró extrañado.
-¿Te encuentras bien Tomás?- Tomás se dió cuenta de lo absurdo de lo que acababa de decir, que volviera la cigüeña, ¡qué tontería!. pero a la vez fantaseó pensando que tal vez él no volvería a verla, pero que alguno de sus hijos, cuando todo aquella vorágine pasase de largo, alguno de ellos, volvería a ver aquel nido de nuevo en algún rincón alto del pueblo.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

LA DUDA


Raimundito se quedó mirando aquel lapicero de color azul, sabía que era de su compañero y que tal vez nunca tendría uno igual. La duda de si tomarlo prestado por unos minutos, sin que nadie se enterase, le embargaba durante semanas.
-¿Qué quieres ser de mayor Raimundito?- era la fastidiosa pregunta que se le venía a la cabeza desde que su tío se lo preguntara por primera vez...
Un día tomó tal vez su primera decisión consciente. Tomó aquel làpiz azul del compañero a hurtadillas, y rápidamente hizo unos trazos sobre la hoja en blanco. Aquel día descubrió dos cosas importantes: una que con un lápiz azul se puede dibujar el mar en dos trazos; otra, que la vocación no se elige, sino que es ella quien te elige a tí. Ni qué decir tiene que su tío acabó regalándole lapiceros de todos los tonos y colores.

martes, 29 de diciembre de 2009

EL EXAMEN DE MATEMATICAS


Se hizo un gran silencio en el aula magna. La solemnidad del momento así lo requería. El ilustre profesor repartió el material y se dispuso a la costumbre de escribir los problemas en la pizarra, Enseguida los alumnos comenzaron a calcular, tiempos, variables, diferenciales...
Pasaron tres horas entre susurros de lápices y suspiros de agotamiento. En un momento de la fila central se oyó un gran golpe. Una cabeza había caído desfallecida encima de las hojas de cálculo. Nadie se movió. El ilustre profesor se acercó, levantó al muchacho y con poco cuidado lo depositó en la entrada.

EL TIMBRE


Rulfo andaba dando vueltas por el vecindario, era una tarde serena y agradable. Al pasar por casa de su amigo tomó la esquina y se dirigió a hacerle una visita. Al llegar al portal llamó al timbre un par de veces y se quedó un rato esperando. No contestaba. En ese momento un vecino le preguntó si estaba tratando de utilizar el timbre. Al contestarle que sí el vecino le advirtió que últimamente no funcionaban bien. Al escucharles entró en la conversación un tercer vecino, un tanto enfurecidó les habló de que él mismo había tratado de hablar con el presidente de la comunidad sobre el tema, y de que los timbres necesitaban ser arreglados urgentemente. Ante el enojo de aquel vecino, Rulfo trató de apaciguarlo, pero aquel hombre era de esos que se enfurece más cuando alguien trata de calmarlo.
-Cabrón de presidente, venga a subir las cuotas y los timbres en este estado...
-Bueno, eso suele pasar, no es culpa de nadie-le contenía Rulfo- las cosas se deterioran...
-¡Qué no es culpa de nadie!...
No tardaron en pasar por allí un par de vacinas más , perrito incluido. Rápidamente se sumaron a la protesta e indignación, mientras el perrito empezaba a ladrar y hacer atisbos de morder al bueno de Rulfo. Para su alivio por fin pasó por allí su amigo que también paseaba tranquilo. Mientras le saludaba a lo lejos trataba de apaciguar a los vecinos.
-Tranquilos...que no había nadie en casa...que no había nadie,,,,- Pero no lo escuchaban.
Ambos amigos se marcharon a tomar un chato de vino. Detrás ya un par de chiquillos tiraba piedras a la ventana del presidente.

LA ESCUELA


La escuela era un tanto vetusta. En filas ordenadas de pupitres se apilaban los prepúberes, unos más sedientos que otros de sabiduría y conocimiento. Pero Luisito no se concentraba. Su mirada oblicua y circunspecta sólo buscaba a Clarita. en un momento se oyó una voz adulta.
-Luisito... a la pizarra.
Sin entender nada de lo que el profesor le preguntaba Luisito sacó un arrojo de sinceridad y escribió:
-Clarita tiene una cara muy bonita.
Ni qué decir tiene que se ganó un castigo del profesor, pero...también un beso de Clarita a la salida del patio.

LA ABUELA


Juliana riega las plantas, las habla, las mima. Cada primavera muestra lo mejor de sus joyas botánicas en el balcón, y todo el barrio queda adornado por sus flores, vistosas y vitalistas. LLeva una viudedad digna, amable, con una pila de nietos y algunos hijos que la visitan muy a menudo. En cada acontecimiento regala una planta, para ella es regalar salud y vida.
Hoy prepara una comida sencilla, viene a verla su hija Lourdes, como siempre con una de sus mejores sonrisas.
-¿Qué tal madre?...te dejo aquí el pan, todavía está caliente.
-Gracias hija, yo ya voy acabando esto...
-Por cierto madre, ¿tienes pinzas para la ropa, esta tarde compro pero necesito colgar la ropa primero.
-Sí hija ahí en la terraza, debajo de los geranios.
Al ir a buscar las pinzas Lourdes mira en una esquina una plantita de flores exquisitas, y la contempla maravillada, boquiabierta.
-Pero mamá...jamás había visto esa preciosidad, nunca la has sacado de ahí...yo...quiero una de esas,
-Ah sí hija, esa no puedo dártela, esa...es la que me regalaron a mí.