
Una noche más después de un breve concierto de taberna. Por fin a solas con su guitarra. Había aprendido el arte desde chico, como los gitanos del barrio, allá donde la ciudad pierde su nombre y se convierte en arrabal. A solas recuperaba el duende de aquellos días e interpretaba el sonido de las noches estrelladas, eso que sólo una guitarra a solas quiere escuchar.

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