
Tomás, un día más camino del trabajo, montaba en autobús hacia la fábrica. Hacía ya varios años que la cigüeña del pueblo no moraba por los alrededores en primavera. Es curioso, pero la echaba de menos. La prosperidad ahora parecía ser el gran crecimiento de la producción. Se fabricaba gran variedad de productos plásticos allí, y su mujer siempre parecía contenta cuando le regalaba algún envase novedoso para conservar las comidas. Ella misma habría querido trabajar en la fábrica, pero Tomás logró convencerla de que cuidara de la casa y los niños, cosa de las tradiciones familiares. Era día de asamblea, un compañero le pidió participar en el orden del día. Tomás con una sonrisa dijo.
-Pues a mí lo que me gustaría es que volviera la cigüeña por aquí...
Su compañero le miró extrañado.
-¿Te encuentras bien Tomás?- Tomás se dió cuenta de lo absurdo de lo que acababa de decir, que volviera la cigüeña, ¡qué tontería!. pero a la vez fantaseó pensando que tal vez él no volvería a verla, pero que alguno de sus hijos, cuando todo aquella vorágine pasase de largo, alguno de ellos, volvería a ver aquel nido de nuevo en algún rincón alto del pueblo.

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