martes, 29 de diciembre de 2009

LA ABUELA


Juliana riega las plantas, las habla, las mima. Cada primavera muestra lo mejor de sus joyas botánicas en el balcón, y todo el barrio queda adornado por sus flores, vistosas y vitalistas. LLeva una viudedad digna, amable, con una pila de nietos y algunos hijos que la visitan muy a menudo. En cada acontecimiento regala una planta, para ella es regalar salud y vida.
Hoy prepara una comida sencilla, viene a verla su hija Lourdes, como siempre con una de sus mejores sonrisas.
-¿Qué tal madre?...te dejo aquí el pan, todavía está caliente.
-Gracias hija, yo ya voy acabando esto...
-Por cierto madre, ¿tienes pinzas para la ropa, esta tarde compro pero necesito colgar la ropa primero.
-Sí hija ahí en la terraza, debajo de los geranios.
Al ir a buscar las pinzas Lourdes mira en una esquina una plantita de flores exquisitas, y la contempla maravillada, boquiabierta.
-Pero mamá...jamás había visto esa preciosidad, nunca la has sacado de ahí...yo...quiero una de esas,
-Ah sí hija, esa no puedo dártela, esa...es la que me regalaron a mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario