
Raimundito se quedó mirando aquel lapicero de color azul, sabía que era de su compañero y que tal vez nunca tendría uno igual. La duda de si tomarlo prestado por unos minutos, sin que nadie se enterase, le embargaba durante semanas.
-¿Qué quieres ser de mayor Raimundito?- era la fastidiosa pregunta que se le venía a la cabeza desde que su tío se lo preguntara por primera vez...
Un día tomó tal vez su primera decisión consciente. Tomó aquel làpiz azul del compañero a hurtadillas, y rápidamente hizo unos trazos sobre la hoja en blanco. Aquel día descubrió dos cosas importantes: una que con un lápiz azul se puede dibujar el mar en dos trazos; otra, que la vocación no se elige, sino que es ella quien te elige a tí. Ni qué decir tiene que su tío acabó regalándole lapiceros de todos los tonos y colores.

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